9 de septiembre de 2015





México-Tenochtitlan
Septiembre 2015
Adolfo Ramírez

28 de abril de 2015

El baile



Pensaba en ti

Me gustas

Me gustas cuando callas porque estamos tomando mezcal
Y tu voz se apaga en mi mirada
Como un fósforo en lo oscuro
Me gustas porque lees a Neruda por la noche
En medio de la nada
Con los ojos cerrados
De memoria
Me gustas

Y cuando el mezcal te sube a la frente
Al calor de las nubes de tus ojos
Se posa un pájaro en tu mirada
Nos embriaga la soledad de nosotros
La risa
Tu boca

Y me dices que debemos hacer algo rebelde
Algo fuera de serie
Como salir a la calle y ser felices
Empapelar la ciudad de nuestra alegría
Sólo este día
que es de noche
Sin decir una palabra
No sé, me gustas

Quisiera que pudiéramos bebernos
Tragarnos uno al otro
Gritar
Beber hasta el alba
El mezcal es tan bueno
SÌ vieras cómo me gusta
Depender de tu sonrisa
Tu lengua de serpiente
Me gusta tu boca
Aunque eso no diga nada

Ya me gustabas en otras vidas
Y me callaba ese murmullo.
Aunque ya había caido en el abismo de tus ojos
Deseaba tu boca bebiendo ese vino delicado
Tu lengua en esa copa susceptible
Y sólo pude hablarte en voz baja
Días después con la boca morada
Para decirte 'me gustas'
Otro día Te invito un buen mezcal

Ya no sé callarme este silencio
Ahogado en la  mitad de este trago vacío
La madrugada en tus ojos negros
Me gusta

Canciones para jirafas

Hace una semana mi amigo cancionista Gama Arche y yo, dimos a conocer el video titulado "Tú". Es curioso que en los créditos la canción aparezca escrita y musicalizada por Gama y yo. La historia de esa canción es cuando menos inquietante, pues hemos anunciado el compromiso la desfachatez de asegurar que se trata del inicio de un proyecto entre los dos.

Quiero empezar contando que Gama Arche debió ser basquetbolista. El vato originario de Guaymas, Sonora) parece un alebrije que entre gacela y jirafa juega el balón como verdadero crack. Si el destino fuera mas justo (o quién sabe qué otros factores se hubiesen reunido en él), seguramente estaría encestando balones desde hace mucho. Pero alguna tarde, mientras practicaba baloncesto, justo cuando comenzaban a fijarse los equipos en él, sufrió una lesión en la espalda que lo alejó de las canchas, y el sueño se perdió. Su vida como basquetbolista se redujo a coleccionar estampitas de los jugadores. Después, por error, halló una guitarra. De ahí se prendió del instrumento (y de la guitarra también) durante la segunda parte de la adolesencia y hasta aquel viaje en que nos conocimos en el DF. Cuando lo topé cantaba rolitas de Drexler, pero ya tenía un vergonzoso pasado guitarreando canciones poperitas de amor. En aquella época ya soltaba un poco más la pluma y escribió un puñado de temas que grabamos en la casa del HACS. Eso dio luz a un disco llamado "un sabor a vida" pero que nunca fue publicado, vaya usté a saber por qué, pues el disco era bueno. 
Luego los años, los daños, los amoríos y las pláticas por internet. Amistades de ésas que duran un montonal. Gama grabó un disco muy abstracto, muy retorcido, con letras abrumadoras llamado "Visionante", y aunque es mi amigo, siempre le dejé claro que no me gustó dicho material. Creo que se encabronó. Posteriormente grabó "el color del siglo XXI": un disco de jazz, con músicos impresionantes, letras buenas, y una experiencia musical con verdadero virtuosismo musical. Vaya usté a saber por qué tampoco lo publicó.

El caso es que el Gama se fue a vivir al DF (a mi casa concretamente), y durante el año y medio que radicó allá, realmente fue poco lo que escribimos juntos. A mí me cuesta mucho trabajo hacer cosas en equipo.
Total que mi camarada llegó buscando abrirse camino en la escena musical de la gran ciudad. Armamos una gira por distintas ciudades, hicimos un ruidajo y lo pasamos muy buen. De ahí salió el disco "Esto algún día tendrá sentido", con recopilación de grabaciones por separado y un poema-canción grabado en esos días. Pero nunca se dio del todo su despunte musical. En cambio, se le ocurrió ir a entrenar a las canchas del deportivo Xochimilco y lo vieron jugar algunas personas que lo invitaron a un equipo, luego a otro y luego a otro, y a los meses ya estaba jugando un campeonato nacional en Oaxaca. Así es esto de las paradojas: cuando buscó triunfar en el basquet, encontró la música por error y cuando buscó triunfar en la música, encontró el basquet por error. La vida de las jirafas es cosa curiosa. Durante el año que el Gama estuvo en el DF se dedicó a encestar y dejó estacionada la guitarra. Mi papá se aguitó, y le preguntó que por qué había dejado la música, entonces el Gama le dijo: tengo unos cinco más para jugar en mi plenitud; para tocar la guitarra tengo toda la vida. Y así fue. El Gama volvió al mundo de las jirafas: a coleccionar canastas, tenis de Michael
Jordan y estampitas de basquetbol. Para entonces yo también agarré un trabajo semi demandante y dejamos de musicalizar nuestros desvaríos y grabar nuestros sueños versificados. Un día el Gama me habló y me dijo que lo habían corrido de la chamba y se regresaba cuanto antes a Guaymas. Por supuesto le respondí que estaba loco y a la semana siguiente me corrieron del trabajo a mí también. Como por azares del destino agarré una chamba en Guaymas y mientras el Gama viajaba a Guaymas por tierra, yo lo hacía hacia la misma latitud en avión. Mientras volaba me preguntaba si bajo esas nubes andaría ese cabrón.
Pero todo comenzó por una canción de autoría compartida llamada "Tú". Resulta un día estaba yo repasando los acordes de una viejísima rola mía, y Gama (que iba pasando por mi habitación) dijo: a ver, a ver, otra vez toca eso. Entonces hice una secuencia muy sencilla de la mayor, re fa, y otro acorde en forma de araña y este cabrón me arrebató la guitarra completando un círculo mucho más bonito. Al rato lo vi tarareando una musiquita junto a una terrible caligrafía en su clásica libreta amarilla. Momentos después me enseñó un parrafito que alimenté con otros versos y otros más que al rato ya eran una canción. Ahí salió "tú".
Esa mágica combinación se repite este viaje como un sueño al que se regresa en diferentes ocasiones. De repente canciones que llevaban años estancadas, salen de mi libreta y van a posar en la voz de mi camarada. Cuando vimos que había suficientes para un disco, pensamos que era momento para anunciar que "Tú" sólo es el comienzo de algo mayor. Total, el Gama siempre sabrá muy bien hacer canciones para jirafas.


Guaymas, Sonora.
Adolfo Ramírez.










23 de febrero de 2015

La locura y la pared

Nota de Sara Valle en el diario "el vigía", 23 de febrero:




1 de noviembre de 2014

Como quien busca pan de muerto

Huesito de pan de muerto,
conocido por los primos como "La chichita".
"Ya no hay moral", se dice a cada rato. Yo no lo decía, hasta este día de muertos.
Sereno caminé un par de cuadras ya en la tarde-noche del 1 de noviembre para conseguirme el tan anhelado pan de muerto, característico de esta peculiar tradición mexicana. Venía pensando en los huesitos crujientes que los panecillos tienen en la cima, y el religioso hábito de saborearlos con una buena taza de un chocolate abuelita. Soy tan fan de los huesitos, que una vez en casa fue investigado el extraño caso de los panes de muerto sin huesito alguno. Debieron suponer que fui yo el artífice del atraco profano. En esto venía pensando cuando sentí un cuchillo por la espalda. Me detuve al instante, metí la mano al pantalón aferrado a mi billetera y volteando despacio para conocer el rostro del delincuente. Entonces, un demonio --literal-- con carita sonriente y chimuela, intervino antes que yo lo hiciera: Me da diez pesos para mi calaverita. Y pensé, "ya no hay moral". Los valores modernos con los que fui deformado en la niñez, se han perdido para siempre.
En mish tiemposh, una moneda de cinco pesos dentro de la calabaza forjada a mano y con vela al interior, hubiera resultado un glorioso exceso. Eso en nada se compara con la soberbia de los chamacos que hoy imponen la cuota cuales narcos de Ta-ta-tamaulipas cobrando por derecho de piso. Además el chamaco en cuestión, no parecía llevar a cabo un ritual inocente como el hecho de "pedir calaverita", pues su madre unos metros atrás, con un niño en el rebozo en forma de tamal, parecía esperar el pago del peaje para continuar taloneando a la banda eriza, a costa del día de muertos. Yo rasqué en mis bolsillos esperando encontrar algo más que pelusa y restos de confeti de la parranda anterior. Me topé con una monedota de dos pesos que arrojé a la calaverita de plástico del chamaco. El rostro desencajado del niño me confirmó que de haber usado un cuchillo de verdad, me habría sacado la billetera por la grosería cometida. Se fue.
Salí a la avenida principal y jamás había visto tal cantidad de chamacos disfrazados de Spiderman, Batman, Superman, Buzz Lightyear: disfracesque realmente daban miedo, acompañados de sus madres que sin disfraz igual daban miedo. Fui esquivando de lado a lado de la calle a los morros  evitando ser asalt... taloneado pues no traía cambio para uno más, y ni de chiste pensaba dejar ir mis billetotes de veinte pesos, que estaban destinados para conseguir un pan de muerto. Esquivé uno a uno los pequeños monstruos que se acercaban lentamente, sobretodo a uno de ellos que venía acompañado de los primos, la tía, la abuelita. Era imposible, apenas evadía un grupúsculo de estos seres abominables y ya había otra concentración de escuincles esperando bajarme la quincena por las malas. La calle parecía una escena de The walking dead, con zombies por todos lados intentando atacarme, comerse mi cerebro, quitarme la cartera, apoderarse del mundo. Hasta que por fin entré a la panadería, y pude sentirme a salvo, frente al aparador. Pero entonces, una niña vestida de momia --o de paciente vendado en el seguro popular-- me increpó: Dulce o truco. "Ya no hay moral", pensé; ¿dónde quedó la bonita costumbre de cantar "Ahí viene la Chilindrina, a pedir su mandarina/ Ahí viene el Chavo del Ocho, a pedir su bizcocho/ Ahí viene Jorge Negrete, a pedir su mollete/ Ahí viene Pancho Pantera a Pedir su calavera"? ¿En qué momento intercambiamos el "me da mi calaverita" por el maldito sincretismo de "Dulce o truco"?
Así pasó la noche. El pan de muerto ya lo alcancé manoseado, caro y duro. Dejé atrapar mi nostalgia por las calles entre disfraces reciclados de la primavera o la pastorela y regresé a casa, ese bello lugar que se vuelve un infierno cuando olvidas las llaves. Afortunadamente una que otra Catrina asoma dignidad entre tanto zombie sinchiste.
Hace un año asistí a uno de esos Halloween con un amigo japonés, y sopretexto de no hacer el ridículo disfrazándome de alguna cosa indigna, fui disfrazado de mí mismo. A mi amigo japonés (que también llevé sin disfraz) lo justifiqué diciendo que el tipo era un mexicano de tepito disfrazado de japonés. Nadie lo creyó, así que uno de mis colegas le maquilló unas rayas en los párpados a modo de ojos grandes de anime y por fin el Hiroshi, tuvo unos ojos tamaño cómic oriental. Vaya cosa, los que iban disfrazados de la bella y la bestia resultaron parecer el nieto de Elba Esther Gordillo y la princesa Fiona (transformada en monstruo naturalmente). No cabe duda que el amor es ciego hasta con harto maquillaje.
Japonés con ojos grandes
En lo que respecta a la ofrenda o el altar, recuerdo un dos de noviembre, paseando por el centro de Oaxaca, haber robado de un concurso de ofrendas, un six de cerveza, unos cigarros y un mezcal a medias. Mis amigos lo disfrutaron con verdadero regocijo pero una compañerita harto creyente, no quería que se cumpliera la misión. NO SE LO TOMEN ¿Y SI NOS PASA ALGO EN EL CAMINO DE REGRESO? Nadie le creyó, la borrachera era tan buena para mis colegas que cuando intenté probar la cerveza aquella, sabía asquerosa y estaba caliente; era una cerveza "Estrella" que escupí inmediatamente. Afortunadamente esa mujer me dejaba ojearle el escote de vez en vez.

Poderosa banda de los robaofrendas
Total que un día después del tradicional dos de noviembre, en la panadería, el pan de muerto está igual de duro y manoseado pero más barato, la ofrenda todavía tiene algunas cosas pepenables y el país sobrevive a una de las crudas más horrendas por el puente vacacional. Es que con aquello de que las tradiciones se han ido perdiendo, muchos ya ni saben la diferencia entre el día de brujas y el día de muertos. 
Recuerdo que en Xalpatláhuac, Guerrero, una señora me contaba cómo se vivía la tradición en su pueblito, y cuando le pregunté (yo muy antropólogo) sobre ciertos rituales, la doñita me comentó indignada: Cómo ve usted que hay gente que ya no cree que vienen los muertos. Válgame dios. Ya no hay moral.